Kymba Lonio: un periódico de barrio, no de despacho

Kymba Lonio nació el 14 de febrero de 2019 en un cuarto de 18 metros cuadrados en la calle Dos de Mayo, en el Casco Viejo de Bilbao. Lo fundaron tres personas que se habían conocido cubriendo la huelga de Bilbobus de 2017 y que no encontraron dónde publicar lo que veían.

Un piso interior en Dos de Mayo

El local original tenía una ventana que daba a un patio de luces y una mesa de cocina comprada en el mercado de Santo Tomás por 40 euros. Allí se escribieron las primeras veinte noticias. Ninguna trataba sobre política estatal.

La primera fue sobre la reducción de horarios en la piscina de Txurdinaga, la segunda sobre una familia desalojada en San Francisco y la tercera la firmó Amaia Zubiaurre, que entonces tenía 24 años, estudiaba periodismo en Leioa y hoy coordina la sección de distritos después de haber pasado por coberturas de desahucios, obras en la A-8 y plenos de distrito a los que a veces iba sola porque nadie más quería ese turno. En marzo de 2019 el ayuntamiento nos denegó una acreditación para cubrir el pleno de distrito de Deusto. La respuesta llegó por correo ordinario, en papel, con un sello de la casa consistorial, y la publicamos tal cual, con el número de registro incluido.

Nadie nos financió al principio.

Los 2.700 euros iniciales salieron de tres nóminas distintas y de un préstamo familiar de 1.200 euros que se devolvió en catorce meses.

Lo que no hacemos

No publicamos notas de prensa institucionales sin contrastar un solo dato. No aceptamos regalos, comidas pagadas ni viajes de ningún departamento, empresa o fundación, y tampoco cobramos por aparecer en los reportajes, aunque la petición llegue por teléfono un viernes a las seis de la tarde y venga acompañada de una oferta que triplicaría la nómina de cualquiera de nosotros.

Tampoco hacemos listas de lo mejor y lo peor de Bilbao, ni puntuamos bares, ni ordenamos barrios por renta para generar clics: ese tipo de contenido existe y funciona, pero no es lo nuestro.

En junio de 2022 rechazamos 6.000 euros de una convocatoria de subvenciones municipales para medios locales. El motivo fue simple: la convocatoria exigía publicar un balance de contenidos revisado por el área de comunicación del consistorio. Lo explicamos en una carta de 400 palabras que sigue colgada en la web.

Nunca hemos cerrado un reportaje por presión de un anunciante. Hemos perdido cuatro desde 2021, todos del sector inmobiliario, y no pensamos cambiar esa línea.

De dónde viene el dinero

El 61% de los ingresos de 2023 vino de suscripciones: 1.847 personas pagan entre 5 y 12 euros al mes. El 22% vino de talleres de periodismo local en institutos de Rekalde, Otxarkoaga y Zorroza. El 11% de anuncios de comercios del barrio, sin intermediarios. El 6% restante, de la venta de ejemplares impresos en kioscos concretos de Indautxu y Deusto, que se cuentan al final de cada mes a mano y se apuntan en una libreta verde que ya va por la cuarta, y que nadie ha digitalizado todavía porque nadie ha querido hacerlo.

No tenemos publicidad programática. No vendemos datos de lectores. La base de suscriptores vive en un servidor propio ubicado en un local de la calle Ribera, y la gestiona Iker Etxebarria, que también hace las fotos cuando hace falta.

Cada mes publicamos los ingresos y los gastos en una página fija. En enero de 2024 ingresamos 14.320 euros y gastamos 13.905. La diferencia se quedó en la cuenta.

En 2020, durante el confinamiento, perdimos 3.100 euros en un solo trimestre. No despedimos a nadie porque éramos cinco y todos cobraban lo mismo: 1.180 euros netos al mes.

Quién escribe esto

Somos siete personas a tiempo completo y once colaboradores a pie de calle. Tres vivimos en Deusto, dos en Santutxu, una en Rekalde y otra en Basauri. Ninguno tiene despacho propio en el centro. Eso no es una pose.

La redacción se reúne cada lunes a las 9:30 en el local de Dos de Mayo, la reunión dura 50 minutos y se reparten temas por distritos sin consultar agendas externas, aunque a veces se alarga porque alguien ha visto algo el domingo y quiere contarlo antes de que se enfríe. Marta Uriarte, que cubre servicios sociales, lleva desde 2021 yendo a la misma cola de la oficina de Lanbide en la calle Colón de Larreátegui. Ha escrito 34 piezas sobre esa cola. No piensa dejar de ir.

Tenemos un corrector, Jon Ander Bilbao, que trabaja los martes y los jueves. Es la única persona que puede parar una publicación. Su criterio es el de la gramática, no el de la dirección.

Errores que hemos cometido

El 3 de noviembre de 2021 publicamos que el ambulatorio de Zorroza cerraba por las tardes. Era falso: cerraba una consulta concreta, no el ambulatorio entero. La corrección llegó 19 horas después y la firmó la directora, Nerea Aguirre.

En febrero de 2023 confundimos el nombre de la asociación vecinal de Masustegi con la de Altamira. Nos lo señaló un lector por teléfono y lo arreglamos en 40 minutos. Publicamos la disculpa en la misma sección, no escondida en una esquina, porque cualquier error se corrige en el mismo lugar donde apareció, sin excepciones, sin letra pequeña y sin enlaces que no lleven a ninguna parte.

Cómo trabajamos con los barrios

Cada mes hacemos una asamblea abierta en un local distinto. En 2024 hemos pasado por el centro cívico de Otxarkoaga, la asociación de vecinos de Begoña, el gaztetxe de Rekalde y la parroquia de San Ignacio, en Deusto. A esas asambleas vienen entre 15 y 40 personas.

No grabamos ni tomamos notas para publicar sin avisar. Lo que se dice allí se queda allí salvo que quien lo dice pida lo contrario.

En septiembre de 2023, un grupo de vecinas de Bilbao La Vieja nos pidió que no publicáramos una foto de una fachada con grietas. La quitamos. El reportaje salió sin imagen y con una explicación de dos líneas.

El periódico no organiza fiestas ni conciertos. No pone su nombre en carteles. Cuando aparece en un acto público es porque alguien nos ha invitado y hemos decidido ir, no al revés.

Lo que viene

En 2025 queremos abrir una corresponsalía en Barakaldo y otra en Santurtzi. No para cubrir la Margen Izquierda entera, sino para tener una persona que vaya andando a las reuniones y vuelva andando a casa.

También vamos a publicar un archivo completo y gratuito de todo lo que hemos escrito desde 2019. Son 4.218 piezas.

No vamos a crecer en número de secciones ni en número de newsletters. Preferimos hacer menos cosas y hacerlas con los pies en la calle, aunque eso signifique llegar tarde a historias que otros publican antes y peor: la alternativa sería dejar de ir a la cola de Lanbide los martes, y eso no está sobre la mesa.

Si alguien quiere saber por qué existimos, la respuesta cabe en una frase: porque nadie más estaba en la cola de Lanbide un martes a las ocho de la mañana.

El 61% de los ingresos de 2023 vino de suscripciones: 1.847 personas pagan entre 5 y 12 euros al mes.

Elena Hernández, Investigación