Una puesta de 38 huevos bajo el puente de madera
A las 7:40 de la mañana, el guarda forestal Iñaki Zubizarreta contó 38 huevos adheridos a un tallo de espadaña, junto al puente de madera que cruza la lámina de agua por el lado norte. El hallazgo llegó tres días después de que el Ayuntamiento de Bilbao cerrara el bombeo de mantenimiento que desde junio evitaba la entrada de lodos.
Zubizarreta reconoció la puesta por su forma, un racimo gelatinoso de color verde parduzco. «Llevo veinte años mirando esta charca y no la había visto nunca así de temprano», dijo el guarda, destinado en el monte desde 2009. El parque de Artxanda, a 246 metros sobre el nivel del mar, riega sus praderas con agua que llega desde el manantial de Masustegi.
La noticia corrió por los bancos del paseo antes del mediodía. Varias familias que suben en el funicular desde la estación de Castaños se acercaron a la orilla protegida con una cinta naranja que colocaron los operarios a primera hora.
El vaciado que borró diez especies
El vaciado de octubre de 2024 fue traumático. Para sellar las grietas del vaso, la contrata desaguó 1.450 metros cúbicos y trasladó a mano los ejemplares de rana verde, gallipato y sapo común que encontró. Un tercio no sobrevivió al invierno en las cubetas provisionales de Deustuko Unibertsitatea.
La pérdida dejó un charco seco durante once meses. Los vecinos de la zona alta de Begoña y de Ciudad Jardín protestaron en dos plenos. El concejal de Obras y Servicios, Ander Retolaza, prometió entonces repoblar el estanque antes de 2027, un plazo que ahora parece holgado.
El biólogo de la Universidad del País Vasco Aitor Mendizabal siguió el proceso. «Esperábamos que la recolonización dependiera de una siembra manual, porque las ranas verdes no suelen cruzar el asfalto del mirador», explicó. Su equipo colocó cinco charcas piloto en los taludes del monte para facilitar el tránsito de los anfibios.
Las charcas piloto funcionaron como escalones
Las cinco charcas piloto, de 4 metros cuadrados cada una, se excavaron en febrero de 2025 entre el mirador de la Cadena y el depósito de aguas de Masustegi. Ninguna recibió ejemplares. El objetivo era simple: ofrecer refugio intermedio a cualquier animal que llegara desde los humedales del río Asúa.
Los censos de primavera detectaron dos machos de rana verde en la charca número tres. En julio, el equipo de Mendizabal contó cuatro individuos adultos y un coro nocturno que se oía desde el aparcamiento del restaurante Artxanda. La cifra no era espectacular, pero indicaba una ruta abierta.
El coste de las cinco charcas y del seguimiento anual asciende a 18.400 euros, financiados con cargo al plan de biodiversidad urbana que el Ayuntamiento aprobó en diciembre de 2023 junto a los presupuestos de medio ambiente.
Lo que cambia para quien sube a diario
Para los usuarios del parque, la puesta significa volver a escuchar el croar al atardecer. La vecina de Ciudad Jardín Marisa Elorduy sube cada tarde con su perro desde hace catorce años. «En 2023 llegué a pensar que esto se quedaba muerto», comentó junto a la valla.
El Ayuntamiento mantendrá el cierre del bombeo hasta que concluya la metamorfosis, previsiblemente a mediados de octubre. Solo se autorizará la entrada al personal del área de medio ambiente y al grupo de voluntariado que limpia los márgenes.
Zubizarreta vigilará la charca dos veces por semana. Anotará la temperatura del agua, la presencia de visitantes y cualquier signo de enfermedad. «Si salen adelante doce renacuajos, damos el verano por bueno», afirmó el guarda antes de cerrar la pequeña puerta de madera que da acceso al puente.