De dónde salen las historias
La redacción ocupa un local en la calle Somera, en el Casco Viejo de Bilbao, a menos de cien metros de la plaza Unamuno. No tenemos corresponsales en el extranjero ni dietas para viajar a Bruselas, así que nuestras fuentes son las que tenemos cerca: una vecina de Otxarkoaga que llama porque llevan tres semanas sin agua caliente, un comerciante de Indautxu que se queja de las obras del metro, un funcionario del Ayuntamiento que prefiere no dar su nombre.
El 62 % de las informaciones publicadas el año pasado salieron de una llamada, un correo o un mensaje de WhatsApp. El resto llegó tras revisar actas municipales, notas institucionales o el tablón de un centro cívico. Ninguna historia nace de una rueda de prensa sin más.
Las cifras no son redondeadas por comodidad: si decimos que en Deusto hay 1.437 viviendas turísticas registradas, es porque ese número aparece en el padrón municipal o en el registro de Eusko Jaurlaritza, y lo hemos comprobado dos veces, una por teléfono y otra por escrito.
Qué hacemos con una alerta
Cuando llega un aviso, lo primero es responder. No siempre con una promesa de publicación, pero sí con una respuesta. El plazo habitual es de 24 a 48 horas.
Cada alerta se registra en una hoja de cálculo interna con fecha, hora y canal de entrada. Si quien escribe deja un teléfono, se llama. Si no lo deja, se intenta localizar por otras vías.
Ahí empieza la parte incómoda, porque preguntamos por documentos, por testigos y por fechas exactas, y una denuncia sobre el mal estado de un parque en Rekalde puede quedarse en nada si no hay más que una foto, pero si se suman tres familias afectadas y un informe técnico del área de Mantenimiento, la cosa cambia.
A veces no cambia. También pasa.
Verificación: dos fuentes o no se publica
No publicamos un dato que afecte a una persona o a una institución con una sola fuente. Necesitamos dos. Preferiblemente, que no se conozcan entre sí.
En asuntos de dinero, la regla es más dura. Si hablamos de un contrato de 84.300 euros adjudicado por el Ayuntamiento de Bilbao, ese contrato tiene que estar en el perfil del contratante. Si no está, no lo escribimos.
La excepción son las fuentes confidenciales, que a veces son la única manera de saber qué pasa dentro de una comisión de fiestas o de una junta de distrito: en esos casos, el director de Kymba Lonio conoce la identidad de la fuente, pero esa identidad no sale de su cabeza, y la persona que escribe la noticia no la ve nunca.
Un ejemplo real. En marzo de 2024 publicamos que la reforma de la plaza de Sarriko se retrasaba seis meses. La información venía de un técnico municipal y de una empresa subcontratada. Ninguno de los dos sabía que el otro hablaba con nosotros.
Correcciones: cuando nos equivocamos
Nos equivocamos. No es una posibilidad remota, es una certeza estadística. El año pasado publicamos 214 informaciones y corregimos siete.
Cuando alguien señala un error, se revisa ese mismo día. Si la corrección afecta al sentido de la noticia, se añade una nota al final del texto con la fecha y la hora. No borramos el original sin más.
Si el error es grave, publicamos una corrección separada en la portada durante 24 horas. Ha ocurrido dos veces desde que arrancamos, en junio de 2022.
Cualquier lector puede escribir a [email protected]. Detrás de esa dirección hay una persona, no un formulario automático. Esa persona responde, aunque la respuesta sea que no hay nada que corregir.
Lo que no hacemos
No pagamos por información. No aceptamos regalos de empresas ni de instituciones. No publicamos rumores sin contraste, ni siquiera cuando nos los traen personas con cargos públicos.
Tampoco cedemos a la presión de quien amenaza con retirar publicidad: en 2023 perdimos un anunciante, una inmobiliaria de Abando, por una información sobre alquileres, y la información se publicó igual.
Y no cerramos los comentarios para evitar críticas. Los cerramos solo cuando hay insultos o datos personales de terceros.